LA GRAN NARRACIÓN. ARNE HAUGEN SØRENSEN

Artista: Arne Haugen Sørensen
Fecha: Del 3 de febrero al 5 de abril 2017

Antes de adentrarme en tan emocionante pequeño-estudio, aclararé la reiterada perogrullada en que caen los no iniciados en la comprensión del arte de la pintura al creer que un mural es un cuadro grande. Nada más lejano.

Arne Haugen Sørensen nos da una lección magistral con su mural sobre la vida y muerte de Jesucristo que hoy expone el CAC de Vélez-Málaga y que definitivamente lucirá una iglesia en Dinamarca.
En las claves de su poética, en este mural el autor recorre experiencias que identificamos claramente como suyas: desde el primigenio concepto de belleza, misticismo y espiritualidad hasta posiciones intrínsecamente didácticas, como el realismo, el expresionismo dentro de su figuración autóctona y su eficaz visión coral-popular en su dialéctica.

Agrego la también sana causa de admiración –siendo este año de 2017 el quinientos aniversario de la Reforma Luterana– por el tratamiento universal y ecuménico de los contenidos e intérpretes de las diferentes escenas que Sørensen elige para su Gólgota. Desde el equilibrio en la presencia de la mujer, reivindicando lo femenino como necesario, a la escena del descendimiento donde llanto y esperanza se funden en un abrazo aplaudido, criticado, sorprendido… por un grupo que presencia el hecho.

Aún en las circunstancias más dolorosas de la Pasión, el artista espacia las figuras en un ámbito claro, concatenado, limpio y, añadiría, místico por aéreo y celestial, donde el color funde contrastes pero no argumentos; subraya contenidos sin abrumar el contexto, la escena. La totalidad del espacio viene pintado con solo el sugerido dibujo de las formas (el pastor en blanco ante la Natividad es un contundente ejemplo). Estas maneras, estos hallazgos vienen apareciendo, líricos, desgarrados, en la general grafología de su manera técnica. La escena de la expulsión corrobora de nuevo lo dicho. El bautismo se enmarca solo en la constante fluidez de las aguas que lo soportan, como el fondo de la escena central donde el buen ladrón y el otro se esfuman en un fondo de dolorido violeta. En primer plano Longinos se acerca Cristo con su resolutiva lanza mientras Juan y María madre no ocultan su desconsuelo.

La estilización, la aceptación, el testimonio redentor y callado del hombre flagelado y aún tibio en la cruz, es descomunalmente bello, lleno de inspiración, misterio y conocimiento.

Una gran mano acoge al Cristo que ya resucitado asciende a los cielos. Es la mano de Dios Padre: “uno en esencia y trino en personas”. El de la promesa…

La silueta de una casa encendida en la noche enmarca el abrazo del hijo pródigo con su padre. Un perro festeja la llegada.

En primer plano de un pozo, de una oscura oquedad surgen ojos y garras, premonitorias por demoníacas, irredentes “para toda la eternidad”.

No les digo más. Preparen su perspicacia y afinen su espíritu. Están ante una obra que no les defraudará en ninguno de sus, nuestros o vuestros absolutos…

Eugenio Chicano
Pintor