NI LAS MÍAS NI LAS VUESTRAS. JÓVENES CREADORAS ANDALUZAS

Del 4 de marzo al 27 de mayo de 2016.

Cuando hablamos de Mujer y Arte, hemos de diferenciar dos vertientes: la mujer como objeto de representación y la mujer artista, creadora de obras de arte. Frente a la escasa presencia en la historia del arte de mujeres creadoras, el número de obras cuya temática se centra en la representación de la mujer, especialmente a través de temas religioso-mitológicos, es sustancialmente, muy abundante.
Aunque la mujer no ha estado al margen de la creación, bien es cierto que ha permanecido en silencio y ha habido que ir rescatándolas del olvido. Las mujeres han sido el negativo frente a lo masculino, y por ello irracional, intuitivo, privado, dependiente, infantil, sin origen e incluso desclasado. De ahí que también se haya negado la existencia de un ‘genio’ femenino, dado que tradicionalmente se ha concedido a la mujer méritos de copista, aficionada, seguidora, imitadora, pero nunca de genio o innovadora.
La división sexual del trabajo ha dado lugar a una delimitación de los ámbitos masculino y femenino sobre los que se han proyectado una serie de valores e ideologías responsables de la construcción cultural del «hombre» y de la «mujer». La adscripción de la mujer a lo doméstico se ha basado en esa división social del trabajo pero también en sus supuestas «aptitudes naturales» para realizar las tareas domésticas. El hogar es la creación de la mujer pero también es el lugar para el ingenio femenino.
Éste ámbito es el que nos ofrecen dos de las creadoras presentes en la exposición, cada una desde su propia perspectiva, con planteamientos distintos. María Reyes, muestra en sus instalaciones un hogar abandonado, casi despojado de personalidad y recuerdos, lugares que la propia artista interviene con objetos propios. En ella se reescriben plásticamente aquellos relatos, los olvidados allí por sus habitantes y los supuestos tras la invasión, para contar una historia reciclada. Escenografía es fruto de un largo proceso “arqueológico” de rescatar las pieles de esos solares que un día fueron el hogar de alguien, donde lo doméstico (el ámbito privado) es hecho público, un esqueleto que viste con objetos propios, como si de un teatro se tratase y que se muestra ahora al espectador. Un “asaltar lo público”, al igual que ocurriese en los 70 con el feminismo radical y los grupos de autoconciencia, cuando las artistas abandonan el ámbito privado en busca de la conquista de lo público, para reivindicar como propios, dimensiones tradicionalmente asignadas a espacios masculinos.
María Dávila, nos muestra escenas cotidianas, un “costumbrismo fotográfico”, como escenas de películas en blanco y negro, con una estética propia de los años 60 y 70, donde la mujer aparece como elemento central en su obra, casi siempre en planos cortos, que raramente mira al espectador. Dávila, nos introduce como meros espectadores de la vida del hogar, esos hogares habitados que se contraponen al abandono de María Reyes, sin embargo, ambas consiguen plasmar la soledad. Simone de Beauvoir afirma en “El segundo sexo” (1949) que “lo propio del ser humano es realizarse como trascendencia a través de sus proyectos”, pero si a la mujer se le impide el pleno ejercicio de la trascendencia definiéndola como ser-en-la-casa, acaba convertida en un ser truncado, relegado a la inmanencia y coartado en su libertad. El hogar atrapa al ama de casa, María Dávila abre una ventana a esas moradas y las libera, creando un nuevo escenario.
La mujer en Clara Gómez es radical a las anteriores. Mantiene la figura femenina como elemento central en su obra, al igual que vemos en Dávila. Sin embargo, nos muestra la imagen de la mujer ligada a las marcas, de la mujer como producto, propia de la sociedad de consumo. En la serie Supermercado Paraíso, nos muestra ese mundo publicitario, irreal, que quiere satisfacer al espectador y crearle una necesidad, un deseo. Para ello utiliza una mujer irreverente y descarada, una mujer actual, que mira directamente al espectador, intimidándolo o seduciéndolo, bajo el uso de la imagen que va desde la mujer revolucionaria -femen- a la mujer más ligada al mundo religioso -scout-. Los anuncios como medio para promocionar un determinado producto, que además construyen un arquetipo de feminidad, una mujer suave y dulce, frívola y pasiva, pero satisfecha en su mundo.
Para Yolanda Peralta en “Algunas de las «ventajas» de ser una mujer artista: Aproximaciones a la historia del arte desde una perspectiva feminista”: “Todo lo que producen las mujeres se mide y se evalúa a la luz del concepto de «feminidad», empleado para devaluar una obra cuando se detecta en ella un supuesto «carácter femenino» y para colocar a su autora en un lugar secundario. Hay un estereotipo de la feminidad y en el campo del arte esta equivale a arte menor. Cuando se analiza la obra de una artista se señalan rasgos como la suavidad o el detallismo, cualidades como la paciencia o la dulzura, y una temática de lo cotidiano y lo íntimo. En términos plásticos, se considera típicamente femenina la utilización de formas redondas y colores suaves, la búsqueda de armonía, tamaños pequeños o medianos, exceso de adorno, de decoración, sentimentalismo y sencillez.”
Sin embargo, las autoras presentes en esta exposición no cumplen estas reglas, ¿hemos de catalogarlas entonces bajo el concepto de feminidad, es necesario dicha catalogación? Nunca hablamos de hombres artistas o del arte de los hombres, ¿por qué hablar por tanto del arte de las mujeres como algo homogéneo?
En la actualidad, podemos decir que no hay un arte de mujeres diferenciado del de los hombres, sino que hay tantas propuestas artísticas como personalidades creadoras. Ellas (Clara Gómez, María Dávila y María Reyes) nos muestran esa creación en femenino en el arte actual que no tiene prejuicios, que no intenta agradar. Continúan el legado de artistas, historiadoras y críticas que reivindican su capacidad de crear, describir e interpretar su existencia, al tiempo que revisan los conceptos de la cultura patriarcal y recuperan un legado artístico olvidado.

Luis Reyes Hurtado
Comisario de la exposición